Innovación. La gran mayoría de las empresas la han incluido dentro de sus valores como compañía. Es el lema de muchísimos departamentos. Es un nombre, gastado por el uso, con el que se describen la gran mayoría de empleados y lo que, solemos proclamar desde recursos humanos, estamos buscando siempre. Sin embargo, sabemos que la capacidad de innovar y de crear productos, programas y soluciones novedosas es mucho más difícil que decirlo. No sólo depende de crear entornos y espacios que fomenten este estilo de pensamiento, sino también, de llevar a cabo iniciativas y hacer que las cosas sucedan.

Creo que, para poder hacer crecer esta semilla de innovación dentro de una compañía, se necesitan canales y medios en los que los empleados puedan plasmar sus ideas. Si, además, creamos plataformas donde pueden nutrirse de contenidos que los hagan reflexionar y empujar hacia este pensamiento, mejor aún. En Vodafone, por ejemplo, contamos con una plataforma en la que los empleados pueden escribir sus ideas sobre problemas que se plantean, y dentro de esta plataforma, pueden conseguir vídeos, artículos, y demás contenidos que inspiran y motivan a crear cosas nuevas.

Pero el siguiente reto es hacerlas realidad; llevar algo que hasta ese momento es un post, un papel, o vive solo en la mente de una persona, se materialice. Es por ello que, en nuestro caso, el modelo hackathon nos ha resultado muy útil. Trabajando así hemos conseguido crear un prototipo en un tiempo muy corto, fomentando el trabajo en equipos multifuncionales con una amplia diversidad de perspectivas para enfrentarse a un problema dado. Esta práctica está muy arraigada en empresas digitales como Facebook, pero creo firmemente que desde recursos humanos podemos implantarlo en nuestras compañías también.

Este tipo de experiencias fomentan el espíritu innovador y poco a poco van creando el clima adecuado para que estas conductas y comportamientos se vayan incorporando a todos nuestros trabajadores. Eso sí; es necesario tener muy claro que, casi en el cien por cien de las ocasiones, el problema de las ideas no es tenerlas, sino llevarlas a cabo. Y en ese camino también tenemos que dejar a un lado a los espíritus excesivamente críticos. El diablo no necesita abogados y a los valientes con ideas hay que apoyarlos.