El HR Gamification Day que se celebró hace unos días en Madrid vino a confirmar que la gamificación es una tendencia con recorrido en el entorno de los recursos humanos. Lo que hasta hace poco se limitaba únicamente a utilizar mecánicas de juego en un entorno digital para ayudar a los empleados a alcanzar determinadas metas y objetivos, ahora se va extendiendo también hacia la atracción de candidatos y la evaluación de los mismos.

La teoría dice que a todo el mundo le gustan los juegos y que a todos nos gusta también un poco de competencia sana y las recompensas que trae aparejadas. En la práctica, es habitual que cada proceso que se gamifica en recursos humanos muestre ratios de implicación y tasas de recuerdo mucho más altas entre sus participantes. Romper la rutina de un proceso aburrido para generar una experiencia suele tener ese efecto en la gente.

Uno de los últimos programas de becarios en Vodafone incorporó un sencillo juego como condición sin la que ningún candidato podía aplicar. Una barrera que, a priori, podría sugerir una tasa de abandono más alta en el proceso, frente a aquellos en los que nos limitábamos a pedir sencillamente que se cubriese un formulario con los datos personales.

Los resultados mejoraron nuestras expectativas y las métricas de procesos similares sin mecánicas gamificadas. Con un simple videojuego, no sólo incrementamos la implicación de los candidatos a la hora de invertir tiempo para inscribirse, sino que, los casi 1.500 candidatos que terminaron aplicando, nos ayudaron a rebajar en un 30 por ciento el tiempo de contratación habitual.

Eso significa más rapidez y más rentabilidad para Vodafone. Pero una experiencia diferencial y memorable para la gran mayoría de los candidatos involucrados. Al final, se cumple aquello que no dejamos de escuchar en el evento de que «todos somos jugadores» y que el juego está en nuestro ADN. No sólo en el de los millennials.

La tecnología tiene gran parte de culpa en todo este proceso. Hoy entendemos mucho mejor cómo pensamos, aprendemos, interactuamos o nos relacionamos que nunca. Y por eso, en entornos como el de la formación, buscamos métodos auto-gestionados y seguimos técnicas de aprendizaje interactivas como la gamificación orientada a incentivar, reforzar o activar el aprendizaje.

Esto nos lleva a una primera conclusión interesante: la gamificación apoya directamente algunos de los objetivos más ambiciosos de un departamento de recursos humanos: engagement, productividad y retención del conocimiento. Pero eso no significa que es una herramienta para todos.

Cada compañía tiene que diseñar una estrategia de recursos humanos que se enfrente a los diferentes retos que van apareciendo en cada área. Los conceptos que se desarrollan y su programación deben alinearse con los objetivos corporativos. Desde recursos humanos, es nuestra obligación entender las reglas del juego, y vincular esas reglas con los objetivos, motivaciones de los jugadores y, sobre todo, con la capacidad para trasladar esos resultados y experiencia al mundo real.

Las ventajas de incorporar gamificación en actividades de recursos humanos están cada vez más claras. Y a medida que las empresas entienden mejor cómo usarla, sus beneficios y cómo las métricas que llevan aparejadas muestran un ROI positivo, las tasas de adopción empiezan a subir. Es hora de evaluar dónde se puede aplicar un proceso gamificado para hacer cambios de valor en nuestra organización.

A los jugadores les gusta hablar de ‘subir de nivel’. ¿Y en recursos humanos? La gamificación es mucho más que una moda pasajera, y tiene el potencial para revolucionar la manera en la que los profesionales hacemos nuestro trabajo cada día. ¿Has empezado ya a trabajar con ella? ¿Cuánto tiempo más crees que puedes permitirte esperar?