Imaginemos el puesto de trabajo ideal. Probablemente las visiones de un millennial, de una persona de la Generación X, o de un Baby Boomer serán distintas. Puede que unos prefieran espacios abiertos, disruptivos, con mesas amplias, sin una jerarquía establecida y con todo el mundo trabajando por igual, “sin jefes”; mientras, otros preferirán un espacio cerrado, creado especialmente para concentrarse, sin interrupciones, con estructuras claramente definidas y responsabilidades bien acotadas. Sin embargo, creo que hay un factor en el que todas las generaciones coincidirían, y es en cómo debemos trabajar en equipo.

No hay nada más agradable que la posibilidad de expresarnos con libertad, de poder aportar nuestros puntos de vista y percepciones, y como contar nuestras experiencias, sin pensar en el qué dirán, o sin sentirnos juzgados. Si fuésemos capaces de extrapolar esto a los equipos de trabajo, ¿no estaríamos generando un clima de trabajo más divertido, armonioso y, más importante, productivo?

De acuerdo con un estudio realizado por Google, esta es una de las señas de identidad de los mejores grupos de trabajo . La característica principal es lo que ellos llaman psychological safety. Esto significa que cada miembro del equipo se siente seguro tanto para asumir riesgos, como para mostrarse vulnerable ante el resto de integrantes de su equipo. En pocas palabras, tener la libertad para poder expresar sus ideas sin sentir temor a ser juzgados. Es esa libertad y ese tono desenfadado en el momento de buscar soluciones, lo que motiva pensamientos innovadores, y una mayor fluidez y congruencia en los momentos del trabajo en equipo en los que es más necesaria.

Desde nuestras áreas, me parece fundamental cultivar la cultura de ensayo y error, pero sin juzgar y estigmatizar el error. Y estoy segura de que cuando leáis esto pensaréis que es algo obvio; pero si ya sabemos que el error es bueno, que nos ayuda a crecer y a buscar nuevas formas de hacer las cosas, ¿por qué permitimos que nuestros managers lo sigan recriminando? Si reflexionamos sobre esto, el efecto que estos comportamientos tienen en los empleados suelen ser desmotivación, miedo a expresar su opinión, e incluso frustración por no dar con la solución perfecta; una solución perfecta que, probablemente, no exista o que, como mínimo, ya no se van a parar a buscar demasiado.

Dentro de Vodafone fomentamos esta cultura, la innovación y la creatividad son nuestras herramientas diferenciales de mercado. Y para que ambos elementos fluyan en su máxima dimensión la libertad del empleado para poder equivocarse y avanzar es fundamental. ¡No busquemos excusas para no arriesgarnos a implantarlo en nuestras organizaciones!