En uno de mis posts os estuve contando mis reflexiones y experiencia con equipos ágiles, además de las grandes ventajas que estos pueden traer a pequeñas y grandes organizaciones como Vodafone. Efectivamente, trabajar con mentalidad agile ayuda a potenciar el pensamiento innovador y a crear cosas nuevas, pero también es necesario un entorno adecuado que sirva de caldo de cultivo de este tipo de filosofía.

En recursos humanos sabemos que, por más que queramos cambiar muchas cosas, hay algo que está por encima de todo: es la cultura organizacional. No importa cuántos cambios queramos llevar a cabo o cuál sea la estrategia que ideamos. Si no hay un cambio en la cultura que apoye esta transformación, no sucederá nada. Tal y como nos lo recuerda Peter Drucker: ‘culture eats strategy for breakfast’ (‘la cultura desayuna estrategias’).

En primer lugar, la cultura de trabajo debe ser colaborativa. Las personas deben de sentirse a gusto trabajando unas con otras, ayudándose mutuamente y no compitiendo entre sí. Aquí no sirven las estrellas que trabajan solas, sino el equipo que es responsable por igual del producto en el que colaboran. Cada integrante debe sentirse dueño, y su aportación no se puede limitar a su trabajo, sino que debe esmerarse en entender cómo su contribución encaja con la del resto.

A su vez, los errores deben estar permitidos. Una cultura que castiga y estigmatiza el error no puede trabajar bajo metodologías agile. Hace falta mucha flexibilidad, tanto para cometer errores, como para cambiar funcionalidades, diseño, incluso la visión de lo que se quiere lograr, y —la razón más obvia— para trabajar desde cualquier sitio. Una cultura jerárquica y de control no va a ser congruente con este tipo de prácticas. Del mismo modo, es importante la transparencia total, para entender el estado actual del proyecto y para tener claro que todos los miembros del equipo están aportando valor.

Y en cuanto al estilo de liderazgo que se necesita, creo que el rol del manager pasa a convertirse en un rol más de coach. Si cada integrante es responsable de todo, será el equipo quien tome las decisiones y quien defina las tareas. El nuevo manager se encargará de ayudar a que el equipo pueda explotar sus cualidades de la mejor forma posible para cumplir el objetivo.

Soy consciente de que todo esto puede resultar infinitamente más fácil decirlo que llevarlo a cabo, pero creo que haciendo pequeños esfuerzos se pueden lograr grandes avances. Al final, la cultura de trabajo asociada a las prácticas agile debe ser, como su nombre en español indica, ágil, eliminando barreras. Pero antes de emprender este viaje, es importante entender qué cultura existe actualmente en la compañía y a dónde queremos llegar. ¿Aporta valor a tu negocio una transformación tan drástica? ¿O podemos crear nuestra propia versión de agile? Son preguntas que vale la pena valorar.