El domingo 3 de diciembre celebramos el Día Mundial Internacional de las Personas con Discapacidad, motivo por el cual quiero aprovechar este artículo para expresar lo que muchos de vosotros probablemente compartís.

Para afrontar con éxito un futuro diverso, cambiante, volátil e impredecible como el que estamos viviendo, es imprescindible contar con una plantilla diversa que desde sus diferencias en cuanto a conocimientos, valores, aptitudes, orientación y capacidades nos haga capaces de tener éxito en este nuevo entorno.

Cuando hablamos de diversidad funcional quiero dejar claro que no hablo de solidaridad sino de la importancia de trabajar la Responsabilidad. La semana pasada hablábamos aquí sobre la importancia de hacerle frente a la violencia de género y sobre el rol activo que deben de tomar las empresas en esta lucha. Y hoy quiero traer a colación otro tema en el que, desde recursos humanos, debemos trabajar en romper miedos, miedo a lo desconocido, aquello que cuando no nos detenemos a explorar y a vencer se convierte en prejuicio.

Hoy hablamos de inclusión, pues lo que complica la vida de las personas con discapacidad no es su limitación física o psíquica, sino cómo pensamos y nos comportamos los demás. En su informe de 2017, realizado con motivo de dar visibilidad este 3 de diciembre al Día Internacional de las personas con Discapacidad, el Observatorio sobre Discapacidad y Mercado de Trabajo en España, ODISMET, nos mostraba que solo una de cada cinco personas con discapacidad se encuentra trabajando en la actualidad, y que siete de cada diez trabajadores asalariados trabajan en entornos laborales no inclusivos. Esta realidad tiene que cambiar, y nosotros podemos ayudar para que esta situación mejore.

Ser conscientes del valor que tienen estas personas y de la gran aportación que brindan a la organización es algo que hemos venido haciendo en Vodafone desde hace mucho tiempo. En nuestro Plan de Diversidad, uno de los cuatro pilares principales fundamentales es la diversidad funcional. Nuestro objetivo es realizar un detallado análisis de los empleados pertenecientes a este colectivo con el fin de favorecer su inclusión, asegurar la igualdad de oportunidades, y darles el apoyo necesario para que puedan aportar sin obstáculos, con motivación y entusiasmo.

Hemos puesto en marcha diferentes programas de los cuales me siento muy orgullosa como las Becas Prodis, donde empleados con discapacidad intelectual se incorporan en los diferentes departamentos para tener un primer contacto profesional. Gracias a este programa y rompiendo los miedos que comentaba anteriormente, en el último trimestre hemos incorporado con contrato indefinido 4 personas que habían realizado la Beca en diferentes departamentos de la compañía.

Dentro de recursos humanos, por ejemplo, hace tiempo que contamos con la presencia de Andrés, un chico con discapacidad intelectual que trabaja en las labores administrativas y que constantemente nos da feedback sobre los diferentes programas que tenemos.

Para que estas acciones persistan en el tiempo es necesario contar con objetivos claros y con indicadores que midan el debido cumplimiento de lo de los objetivos que nos hemos propuesto. De esta forma, todas estas acciones no quedan como situaciones aisladas, sino como nuevos retos a los que dar solución. Porque si queremos un mundo laboral inclusivo y diverso, tenemos que ser los primeros embajadores de cambio que den los primeros pasos que marquen el camino a seguir.

Sí, somos diferentes, y eso nos enriquece. Nos hace más competitivos, más ricos y nos da más oportunidades de aprender.