Pasamos gran parte de nuestra vida en el trabajo, concentrados en cumplir objetivos y superar expectativas. A su vez, nuestro entorno laboral está inmerso en un ambiente cambiante, el ya tan comentado mundo VUCA, que puede resultar muy estresante. Y nuestra vida personal también está llena de emociones, que a veces no podemos expresar de forma abierta o que en ocasiones pueden ser irracionales. En este sentido, es importante conseguir que nuestras emociones trabajen por nosotros y no en nuestra contra; eso es lo que llamamos inteligencia emocional.

Venimos hablando de esto desde hace mucho tiempo, y hoy quiero traerlo nuevamente a colación, porque creo que, más que nunca, con la llegada de millennials al mundo laboral y con nuevas tecnologías transformando constantemente nuestro modo de trabajar, se hace indispensable poder controlar nuestras emociones. Más específicamente, dentro de recursos humanos, esta es una de las claves más importantes para la gestión de las personas.

Muchos la tienen bastante desarrollada de manera natural. Sin embargo, la gestión de la inteligencia emocional puede aprenderse e, incluso, potenciarse utilizando algunas herramientas. El autoconocimiento es fundamental, y este se puede explorar entendiendo la forma en la que pensamos y qué sentimientos van ligados a esos pensamientos. Cuando entendemos que ciertos pensamientos o acciones nos despiertan una emoción irracional, es el momento de reconducirla y tratar de cambiar esa emoción por una más racional. Esta es una actividad compleja, pero que con persistencia se puede lograr.

El autoconocimiento está íntimamente ligado al autocontrol, ya que al conocer cuáles son esos pensamientos o las acciones que los originan, podemos intentar apaciguar la mente para controlar esas emociones y cambiarlas por pensamientos positivos. A su vez, conocernos a nosotros mismos nos ayudará a ser más empáticos con el resto, escuchando de forma activa lo que nos dicen y entendiendo la situación particular de cada uno. Lo que, por último, nos ayudará a ser más asertivos y a entablar o mantener relaciones más duraderas.

Una mayor inteligencia emocional nos ayudará a entender mejor a nuestros equipos, a motivar, a dirigir y a liderar de manera eficaz. Nos ayudará a comunicar nuestros objetivos, misión y visión de forma clara y que sea fácilmente comprensible por cada uno de los integrantes de nuestro grupo. De esta forma, todos podremos remar en la misma dirección, de forma armoniosa y colectiva.

La inteligencia emocional no es un rasgo inmutable. Es un conjunto de habilidades que podemos desarrollar. Para poder llegar a ser grandes líderes que acompañen la transformación que estamos viviendo, apostemos por desarrollar nuestra inteligencia emocional, para poder dirigir y gestionar equipos altamente efectivos.